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La “cultura española”

  • Gisel·la Esteso Núñez. València
  • 5 mar 2018
  • 2 Min. de lectura


Una afirmación poco inteligente es decir que la corrupción forma parte de “nuestra cultura”. Es cierto que esta aseveración se comparte en diversos círculos sociales. Pero reconocerlo sería incompatible en una auténtica democracia. La corrupción y el. clientelismo es más propio de regímenes dictatoriales.


Puede que integrar la corrupción en la cultura sea una excusa para evadir la raíz del problema. Pues, es un error considerar que el origen de la corrupción sean las costumbres de un determinado país. Es posible que la putrefacción del sistema se produzca porque se politizan las instituciones de carácter público.


En España, en una población pequeña, puede que los salarios de varios centenares de personas dependan del partido que gane las elecciones. El partido local que gobierna puede adjudicar numerosos asesores, altos cargos y al mismo tiempo, sobornar generando una telaraña de agencias, tramas y “fundaciones” con una discreción admirable.


Pero la corrupción no es obra de un único sujeto, sino que es un trabajo de equipo. Pues se necesita de mentes maquiavélicas que tracen un sistema de blanqueo y recaudación de dinero implacable. Y el fraude aparece abundan las relaciones de poder, no porque los controles de las mismas sean limitados.


¿Pero, cómo se ha conseguido que esta inmoralidad se extienda por todo el país? Según la encuesta del Eurobarómetro, los españoles echamos en falta la transparencia en cuanto al gasto público, la poca actividad de lo políticos para poner en marcha medidas, además de la poca responsabilidad penal de los culpables. Claro, seamos conscientes que el “amiguísmo” entre políticos y empresarios no iba a traer nada bueno. La cercanía de la política a las empresas privadas trae consecuencias como: Gurtel, Púnica, Lezo, Noós, el canal de Isabel II, Arena, Bárcenas, Vitel, Brugal, Caballo de Troya, Caso de la Construcción, Emarsa, Imelsa, Tarjetas B, Taula, Torres de Calatrava… A pesar de estos innumerables casos de vergüenza, la lucha contra la corrupción ha dado pasos de gigante .Según el barómetro del CIS, la corrupción detrás del paro es la segunda preocupación que más inquieta a los españoles.


En defensa de la dignidad de este país hay que regular las relaciones de poder. Estos casos de corrupción no forman parte de “nuestra cultura”, sino que son unas malas hierbas que tenemos que erradicar. Las formaciones políticas son las que tienen que elegir entre morir por descrédito o reconstruirse con valores propios que representen al pueblo de forma digna. Si la sociedad no se involucra, las relaciones de poder nos dominarán y, en consecuencia, seguirán robándonos esos políticos de “confianza”.

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