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SPOTLIGHT

  • Gisel·la Esteso Núñez
  • 4 mar 2017
  • 4 Min. de lectura


“El vínculo más fuerte, el más indestructible, el más grande y el más constante que nos ata a nuestros semejantes es lo que se llama poder, y el poder, juzgado en su verdadero sentido, no es más que la expresión de la mayor dependencia en que nos hallamos en relación a los demás”. Con estas palabras Lev Tolstói describe en Guerra y Paz, de forma proverbial, el único principio que rige las relaciones humanas. Y, el poder de la Iglesia no escapa a las palabras del novelista ruso. Esto explica en cierta medida la dependencia de las víctimas de abusos sexuales con sus verdugos religiosos.


Este es el tema narrado hábilmente con tanta minuciosidad como eficacia por el director de la película, McCarthy. Una crítica transparente de la Iglesia y sus abusos de poder. Es un relato verosímil que nos hace reflexionar y, tal vez, cuestionarnos ciertos principios.


La película trata no tergiversar la historia y centrarse más en el análisis periodístico que en crear una opinión o noticia de última hora. Presenta un periodismo plural dando voz tanto a las víctimas como a sus agresores. Muestra el hecho con muchas fuentes directas.


Es el nuevo director del periódico, una persona de fuera, judía y que no tiene prejuicios religiosos, quien ve la noticia que el periódico había olvidado. Martin Barry quiere demandar a la iglesia es un personaje duro, fiel a sus principios y que no teme a sus lectores.


Hay que tener en cuenta que la película se da en un contexto relativamente reciente. Sin embargo, el lugar en el que transcurren los hechos, que es Boston, la mayoría de la sociedad y el del 53% de los lectores del Globe son católicos. Por tanto, es un tema delicado que hay que investigar, contrastar y estar muy seguros antes de publicar un caso de pederastia encubierto por la misma Iglesia.


Se aprecian dos universos que chocan entre sí, el trabajo periodístico y el trabajo de los abogados que acaban cruzándose. McCarthy crea un montaje en paralelo a lo largo de la película entre estas dos profesiones, la vida escurridiza del periodista queriendo averiguar todo y la de abogados tratando de ocultar informaciones clave. El abogado Garabedian, es un personaje clave en el relato. Es un personaje muy asustado, que no quiere meterse en líos. Finalmente, consigue ser mediador entre las víctimas y Spotlight al que proporciona información relevante en la trama “off the record”. Es un personaje cuya personalidad evoluciona a lo largo de la película.


Uno de los factores que más destacan es la vida profesional del periodista que se muestra ligada a la vida privada. Están muy unidas y apenas se diferencian, la implicación en el trabajo es clave. Pero, esas pequeñas muestras de cómo son sus vidas fuera del trabajo consiguen que el film no sea un “making of” de cómo el equipo Spotlight produce una noticia. También, se evita confundir el film con un documental.


En cuanto a la forma fílmica, el inicio de la película es un flashback que te sitúa en el acontecimiento que se va a analizar posteriormente, pero mantiene la estructura aristotélica clásica de inicio, nudo y desenlace.


En algunos planos: pasillos de la redacción o en los juzgados, el cineasta hace un guiño a Kubrick utilizando sus característicos planos que guían la visión del espectador.


La película tiene ritmo; se consigue yuxtaponiendo los numerosos nombres de los personajes e informaciones novedosas que el espectador tiene que interiorizar. A lo largo del film vemos como algunas secuencias dan un giro inesperado que incrementa el ritmo. Sin embargo, esta tensión dramática que se crea no es muy duradera. Hacia la mitad de la película y en el final vemos como también contrasta esta tensión y la compensa con un ritmo menos acelerado.


La película advierte que está basada en hechos reales y lo recuerda ya finalizado el film. Muestra escritos los centenares de casos de pederastia que se han dado en todo el mundo. El espectador es entonces cuando es consciente de la magnitud de los abusos. No son un hecho aislado de un solo país


En cuanto a la iluminación está muy cuidada, imita el ambiente de trabajo de una redacción: luz tenue y amarillenta típica en los periódicos que no tienen horarios fijos.


Son interesantes los encuadres de algunos planos de la película, por ejemplo, el cruce de flexos y las cristaleras de la redacción forman cruces similares al símbolo que representa a la iglesia.


La música pasa prácticamente desapercibida, es como el clavicémbalo de la ópera barroca que ayuda a que fluya el recitativo de los cantantes, en este caso actores. Nunca se superpone en sus diálogos. En otros casos ayuda a que las imágenes transiten de manera fluida en el relato fílmico.


La película ejemplifica cómo se realiza un buen producto periodístico. No es una película de entretenimiento sino que es un drama en el que se aportan muchas informaciones y datos. Esto exige un espectador activo que realice adecuadamente las relaciones de causa-efecto que se presentan en la trama.


Solo nos queda una pregunta. ¿Cuando The Globe denuncia a la Iglesia, lo hace por los actos deplorables que ha cometido o para conseguir los documentos que estaban sellados y así poder escribir un gran reportaje?

En un momento del film aparece una víctima de los abusos que duda de que estos salgan a la luz ya que él envió la documentación hacía cinco años y parece ser que nadie vio interesante escribir un artículo sobre ello. No sabemos si es porque el periódico no vio la noticia o es un claro proceso de autocensura que refleja la situación moral y política de los EE.UU a finales del siglo pasado (y que posiblemente perdura en el tiempo).


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