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“El periodismo político en la era de la pospolítica”

  • Gisel.la Esteso Núñez
  • 6 abr 2017
  • 3 Min. de lectura


El término pospolítica se utilizó después de la victoria de Donald Trump. Esa etapa en la que empezamos a partir del Brexit en la cual la interpretación de los acontecimientos políticos fallan. Los interpretadores fallan, los consultores también y las encuestas más. Inmma Aguilar, estratega general y comunicadora política y corporativa asegura que la pospolítica es esa especie de tsunami que remueve todo e impera las emociones y el voto a la contra. Un lugar donde domina la hiperpolítica.


En política, la percepción de la realidad es la realidad. No importa cuál es la realidad si no lo que se percibe realmente: la posverdad. Por lo tanto, la posverdad se entiende mejor como la manipulación o la tergiversación de las palabras, es decir, la verdad en la política.

Jorge Verstrynge, expolítico, politólogo y profesor de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid no considera que el control político individualizado sea necesariamente negativo para la salud democrática de un país. «En democracia, Dios tiene que ser el pueblo, es el pueblo quien decide. No es un problema lo que se decida, si lo decide el pueblo en unas elecciones».El problema según el politólogo es cuando «la gente cree que vota por un candidato, pero la gente no vota por ese candidato. La gente vota lo que los gabinetes de imagen crean».


Por otra parte, Inma Aguilar defiende que todos los ciudadanos son emisores preeminentes en la comunicación política. La ponente insiste en que existe un empoderamiento del ciudadano. Pues hoy en día, cualquiera puede convocar una manifestación. «Todos podemos cambiar las cosas, todos tenemos redes sociales, canales, blogs», afirma Aguilar. Los ciudadanos han generado fórmulas de empoderamiento muy importantes como el activismo.

Un ejemplo de empoderamiento del ciudadano sería el 15-M. Este movimiento fue un estado anímico que evolucionó hacia otros estados anímicos. El 15-M germinó en partidos nuevos y provocó un cambio de paradigma del bipartidismo al multipartido. A pesar de la presencia de partidos nuevos, Verstrynge asegura que los políticos actuales son vedettes creadas por los grupos económicos y financieros para distraer la atención del público. «El poder financiero lo controla todo. La casta cierra filas en contra de Podemos porque es el único que le podía poner las peras al cuarto».


Desde otro ángulo, Javier Martínez Tarín es profesor y doctor en Comunicación Audiovisual y acaba de publicar La política como espectáculo. El cine electoral americano (entre Hollywood y Washington). En esta obra explica la evolución del debate político hacia el mero espectáculo audiovisual elaborado por los diferentes equipos de campaña. «Hablaríamos de una progresiva guionización de la vida política, convertida en un relato para influir en la opinión pública y reducida a la aceptación o rechazo de gestos o declaraciones, independientemente de la veracidad de su contenido».

Imagen de Jorge Verstrynge.


Inma Aguilar expone que el discurso político se construye sobre la base de lo emocional, es decir, de los sentimientos y ello también sería la posverdad. A un gobierno o a un partido político le conviene gestionar no solo los argumentos, las decisiones y las políticas sino que también las emociones fuertes. «Ni si quiera es el perfil ideológico o los atributos del candidato lo que depende de ganar o perder, sino del estado de ánimo de los votantes», corrobora la estratega.


En política se construye un personaje buscando una conexión emocional con el elector, concluye Javier Martínez Tarín. «En los espacios televisivos se muestra el perfil personal del candidato, no su programa electoral, aunque lo que interese sea las medidas que va a aplicar cuando gobierne».


Para Encarna Signes Segrelles, concejala del Ayuntamiento de Paiporta, la política son los ciudadanos. Apunta que ese es el motivo por el que milita en Compromís. Coincide con Verstrynge en que la política está hecha por y para las personas, pero es consciente que la imagen se ha convertido en sustituta del programa, en una posverdad: «Estamos en una época en la que todo va muy rápido, el programa requiere leer y reflexionar, y no hay tiempo. Al final todo se reduce a una imagen, un eslogan, una persona».



Puede que la política sea un espectáculo, amarillista o engañosa. Por ello, el periodismo debería de realizar un ejercicio de “desenmascaramiento” para ayudar a que prevalezca el programa frente a la imagen del candidato. Cada vez hay más dificultad a la hora de interpretar la realidad porque es muy dinámica y volátil. La banalización y el amarillismo político existe, por ello, los medios de comunicación han de combatirlo mediante un trabajo honesto y de transparencia.


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