«Nos están dejando respirar»
- Gisel.la Esteso Núñez
- 28 may 2017
- 2 Min. de lectura
Rosa Vega López es limpiadora desde hace 17 años en un instituto
Me levanto a las 05:20 de la mañana, desayuno y me voy a trabajar. Como no hay transporte público disponible tuve que pedir un préstamo para poder pagarme un coche.
Yo trabajo en un instituto limpiando desde que era una jovencita de 19 años. Entré con un contrato eventual. Tengo 34 años y aún sigo allí. En la limpieza si te dedicas a oír, ver y callar aguantas. Tienes que ser invisible.
Acabé limpiando porque salí del colegio con 14 años. Les dije a mis padres que no quería seguir estudiando. Era consciente de mis limitaciones o pensé en su momento que no tenía capacidad y nadie dijo lo contrario. Entonces, me metí en una academia de peluquería. Me puse a trabajar en el sector de la limpieza tan pronto porque necesitaba ganar dinero para montar mi propia peluquería. Y en esta etapa conocí al padre de mi hijo –mi exmarido–, me quedé embarazada con 20 años y mi oportunidad se esfumó. En el momento en el que tienes un hijo todos tus esquemas cambian.
Hoy en día con lo que ganamos mi pareja actual y yo no nos es suficiente para vivir dignamente. Él es albañil y sale a las 08:00 de la mañana a trabajar y llega a las 17:00 de la tarde a comer. Hay días en que se va a hacer horas extra hasta la una de la madrugada porque si no, no llegamos.
Creo que la crisis afecta a la gente adinerada porque nosotros estamos acostumbrados a vivir con 800 euros al mes. La persona que hace 10 años ganaba 800 y ahora sigue ganando lo mismo no le afecta de forma tan drástica. Yo no he tenido nunca un nivel de vida alto; entonces no he sentido tanto la crisis porque sigo teniendo el mismo dinero. Sí que es verdad que han subido los impuestos, hay más IVA… Pero es que yo he vivido toda mi vida en crisis. De hecho, llevo el salario congelado seis años y ni me han subido ni un céntimo. Pero es que hace seis años lo subieron un 2 %, eran 8 euros de risa.
Lo que he notado con la crisis es que me han ahogado más. Por ejemplo, de pagar 110 euros hasta 300 euros de luz. Yo tengo dos niños, necesitas poner lavadoras, secadoras, hacer varias comidas, dinero para pañales… No es lo mismo tener 300 euros para los gastos que solo para la luz —se ríe—.
Están diciendo que estamos levantando cabeza. Pero, en realidad, nos están dejando respirar. Ahora nos van dando migajas. Nos están dejando comer.

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